Después de haberme revestido y de haber ayudado al preste a hacer lo mismo, miramos a la cruz que preside la sacristía. Me encantaría decir que respondo al Adjutorum nostrum in nomini Domini, pero es algo que se ha perdido y pocas veces escucho. Toco la campanilla y el coro empieza con el canto de entrada. A veces somos solo el preste y yo, otras veces son un par de concelebrantes, un par de diáconos y un puñado de monaguillos, tomaré las ocasiones más solemnes como base para esta reflexión (no uso mis conocimientos teóricos de la Santa Misa, sino como la vivo desde mi realidad).
Normalmente la procesión parte desde el atrio de la Iglesia (como me gustaría que siempre fuera desde la sacristía).
Partimos camino hacia el altar, recuerdo que significa la procesión de entrada, el camino de Nuestro Señor hacia el monte calvario, si, el via crucis.
Abre la procesión el turiferario flanqueado por el monaguillo de la naveta. Cuando no estoy ceremoniando o cumpliendo otra labor, algo que me encanta es ser turiferario. "Mi oración suba como el incienso...".
Detrás del turiferario viene el cruciferario flanqueado por los ceroferarios. Durante la procesión (siempre que no soy turiferario) trato de mirar la cruz alta mientras camino procesionalmente.
Detrás venimos caminando todos los que participáremos en el sacrificio eucarístico, ordenados de dos en dos en orden jerárquico inverso.
Al ver al preste al final de la procesión pienso en Jesus al que acompaño a su pasión, también pienso en que como buen pastor acompaña nuestro caminar.
Empezamos a caminar, mientras nos acercamos al altar y deleitandome con el perfume del incienso miro a la cruz del altar y comienzo en secreto el salmo ya abolido "Introibo ad altare Dei".
Llego delante del altar, miro al sagrario mientras dejo que mi rodilla derecha se doble hasta el piso delante del Rey de reyes y Señor de Señores.
Mientras el preste besa el altar hago una venía profunda. Me acerco a ayudarle a poner incienso en el turíbulo. Hacemos venia a la cruz y la inciensa con un triplex ductus mientras le levanto la casulla, volvemos a hacer venia. Rodeamos el altar mientras él realiza ictus y yo le sigo levantando la casulla.
Rodeamos completamente el altar, entrega el turíbulo y lo acompaño a la sede, hago el gesto a los monaguillos del misal y el micrófono.
"En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"... Empezó la misa.
Autor: Diego Vargas Castillo

No hay comentarios.:
Publicar un comentario